martes, 24 de diciembre de 2013

Rescatando a la soldado Penny

Rescatando a la soldado Penny

El cielo cautivaba con un tono café opaco, las  nubes hacían juego con  su color un poco más oscuro, los amigos de siempre, la misma vista desde  el pasillo de un edificio radical, construido por ingenieros de renombre para la clase obrera, esos  que mágicamente han resistido tres terremotos, esto reflejaba el ambiente perfecto  para que una buena propuesta llegara a mí y embarcarme en una aventura memorable.
Llego el rumor zagas como una gaviota fugas esas que se encuentran solo en una parte del litoral, una tablita estaba en peligro en un centro de consumo intensivo, sabía que aquella tablita tenía un destino fatal, no soportaba la idea  de que cayera en malas manos y que no pudiera disfrutar de una vida plena como lo merece una buena tabla.  Tenía que pensar en algo que fuera eficaz, rápido y seguro para ambos, con la pregunta en mi cabeza emprendí el viaje hacia uno de los centros neurálgicos del consumismo en mi ciudad, en el camino reclute unos amigos guerreros mercenarios antisistémicos  que  me acompañaron en  la  travesía para rescatar a Penny.
En el camino planeamos una estrategia de encubrimiento para no ser detectado por los perros guardianes que contratan para cuidar el recinto donde llevan a cabo su sucio juego. El plan era simple  entrar, limpiar, tomar material, cortar, encubrir y salir todo en menos de diez minutos,  algo sin mayores complicaciones, pero siempre tiene un poco de riesgo, eso lo hace un desafío emocionante y por el ideal moral de salvar  a una tablita en peligro lo hace doblemente llamativo.
Decidido a salvarla con mi mente fría y mi corazón lleno de coraje, camine hacia ella, estaba en una esquina junto con otras tablas  todas con su uniforme militar de rueditas como bototos color  anaranjado esperando que alguien las rescate.- ¡Penny, Penny!, la llame susurrando mirando hacia la esquina de la góndola donde estaban colgando de un gancho,   -¡aquí  estoy,   llévame, sálvame ayuda! – me decía apenada entre lagrimas.

La tome entre mis manos la limpie para prepararla para el corte final que la liberaría de su cadena que la mantenía en colgada de ese gancho metálico, mientras mis amigos Mercenarios  controlaban mi alrededor cerciorándose de que el plan marchaba bien, el primer paso estaba dado solo quedaba eludir a los perros, para eso teníamos que actuar con  normalidad  o lo que se llamaría normalidad en ese tipo de instituciones del consumo, el ambiente  era típico de un mes como diciembre, todo marchaba  a la perfección, llego el momento más emocionante de la osadía, el clímax de salir por la puerta principal del recinto  victorioso, ocupando la  modalidad de la segregación libramos de nuestro último obstáculo y sumamos otra medalla a nuestro estandarte que conmemora una buena aventura, esa es la historia  de cómo te salve ahora descansa que mañana salimos temprano.

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