Rescatando
a la soldado Penny
El cielo
cautivaba con un tono café opaco, las
nubes hacían juego con su color
un poco más oscuro, los amigos de siempre, la misma vista desde el pasillo de un edificio radical, construido
por ingenieros de renombre para la clase obrera, esos que mágicamente han resistido tres terremotos, esto reflejaba el ambiente perfecto para que
una buena propuesta llegara a mí y embarcarme en una aventura memorable.
Llego el rumor
zagas como una gaviota fugas esas que se encuentran solo en una parte del
litoral, una tablita estaba en peligro en un centro de consumo intensivo, sabía
que aquella tablita tenía un destino fatal, no soportaba la idea de que cayera en malas manos y que no
pudiera disfrutar de una vida plena como lo merece una buena tabla. Tenía que pensar en algo que fuera eficaz,
rápido y seguro para ambos, con la pregunta en mi cabeza emprendí el viaje
hacia uno de los centros neurálgicos del consumismo en mi ciudad, en el camino
reclute unos amigos guerreros mercenarios antisistémicos que me
acompañaron en la travesía para rescatar a Penny.
En el camino
planeamos una estrategia de encubrimiento para no ser detectado por los perros
guardianes que contratan para cuidar el recinto donde llevan a cabo su sucio
juego. El plan era simple entrar,
limpiar, tomar material, cortar, encubrir y salir todo en menos de diez
minutos, algo sin mayores
complicaciones, pero siempre tiene un poco de riesgo, eso lo hace un desafío
emocionante y por el ideal moral de salvar
a una tablita en peligro lo hace doblemente llamativo.
Decidido a
salvarla con mi mente fría y mi corazón lleno de coraje, camine hacia ella,
estaba en una esquina junto con otras tablas
todas con su uniforme militar de rueditas como bototos color anaranjado esperando que alguien las rescate.-
¡Penny, Penny!, la llame susurrando mirando hacia la esquina de la góndola
donde estaban colgando de un gancho, -¡aquí estoy,
llévame, sálvame ayuda! – me decía apenada entre lagrimas.
La tome entre
mis manos la limpie para prepararla para el corte final que la liberaría de su
cadena que la mantenía en colgada de ese gancho metálico, mientras mis amigos
Mercenarios controlaban mi alrededor
cerciorándose de que el plan marchaba bien, el primer paso estaba dado solo
quedaba eludir a los perros, para eso teníamos que actuar con normalidad o lo que se llamaría normalidad en ese tipo de
instituciones del consumo, el ambiente
era típico de un mes como diciembre, todo marchaba a la perfección, llego el momento más
emocionante de la osadía, el clímax de salir por la puerta principal del recinto victorioso, ocupando la modalidad de la segregación libramos de
nuestro último obstáculo y sumamos otra medalla a nuestro estandarte que
conmemora una buena aventura, esa es la historia de cómo te salve ahora descansa que mañana
salimos temprano.
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